De encuentros casuales (¿o causales?)
No sé como hace el destino para programar encuentros inusitados o para lograr intersecciones espacio-temporales precisas, y como pequeños pero inusuales circunstancias nos empujan hacia escenarios totalmente alejados de la cotidianidad donde estas intersecciones se dan.
Mientras erraba en busca de un ejército y un campo de batalla para dirigir, y habiendo encontrado las puertas cerradas, decidí afrontar las horas de aquel Viernes escuchando a aquellos narradores de la verdad, en vez de seguir el natural impulso de la rutina y volver a mi rincón que es a la vez una prisión y un escape. Ójala hubiera hecho caso a esta ley inercial en vez de quedarme ahí, pues a lo mejor no estaba preparado para lo que iba a venir.
Como en un sueño(o una pesadilla?) observé como un fantasma se acercaba a su sombra y se sentaba a su lado. No tardo en llegar más de lo que demore en notar su presencia. Interiormente, busqué ese rasguño en el estomágo que ya conocía, pero no lo encontré ahí... solo había un orgullo herido que luchaba por derrotar las inmensas ganas de salir corriendo, un orgullo que me obligaba a seguir riendo, mientras un tornado destruía lo que quedaba aún de razonamiento.
Miré a los ojos del fantasma, para demostrar que no había miedo, que el pasado era solo una broma que ya había quedado atrás, pero el fantasma también era fuerte y fue capaz de observarme con la misma intensidad con la que yo lo hacía. No sé lo que sientan los fantasmas, pero en sus ojos lo único que pude notar fue arrepentimiento. Es un sentimiento que yo detesto, pero me tranquilice pensando que no era yo quien podía mandar sobre lo que sintieran, pensaran o hicieran los fantasmas, y que a duras penas y controlaba mis sentimientos, pensamientos y acciones. De repente, su sombra desapareció un instante y ya no pudo soportar mi mirada... sus ojos me esquivaban y su valor de repente desapareció. Ahí entendí que eramos distintos, y lo único que sentí fue una vergûenza enorme por no tener a lado una sombra que me siguiera... quien sabe, a lo mejor yo soy el fantasma...
Terminé de escuchar al narrador, y mientras el público se levantaba para saludar al próximo, supe que no podía seguir aguantando la tortura de mi pasado, así que dejé el lugar sin volver la mirada. Mientras salía, me encontré con un viejo enemigo de batallas, con el cual pude en el fragor de una lucha sobre 64 casillas, olvidar por un instante el casual encuentro.... tan solo un instante.
P.D... Ya van casi tres años de este blog, y siento que las cosas han cambiado muy poco. :(

